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Capítulo 3a El Origen de las Encomiendas
Capítulo 3b Encomienda de Fuentelapeña

 

RESEÑA HISTÓRICA DE FUENTELAPEÑA

         Recientemente, en el mes de abril de 1.993, fue descubierto, en el término Municipal de Fuentelapeña, un conjunto de industria lítica, formado por innumerables piezas talladas en cuarcitas, cuyas características, a falta de los resultados del estudio que se está llevando a cabo por expertos paleolitistas, dan pie para pensar que esta zona del Guareña, y concretamente los terrenos que ahora forman parte del término Municipal de Fuentelapeña, estuvieron habitados durante el Paleolítico Inferior.

         Este es el más reciente episodio que permite dar la pincelada más antigua en el cuadro de la Historia de Fuentelapeña.

         El acontecimiento es,  por sí mismo, lo suficientemente importante como para que le podamos dedicar algunas líneas, por cuanto que es el primer yacimiento de Paleolítico Inferior, casi con toda la probabilidad, el primer yacimiento de la cultura Achelense Superior, que se localiza, dentro de la provincia de Zamora, al Sur del río Duero.

         El conjunto de la Industria lítica recogida, en el que abundan los Bifaces, conocidos como hachas de mano, los hendidores y raederas, se ve complementado con la presencia de bolas o esferas de cuarcita semejantes a las señaladas por algunos autores rusos en yacimientos Musterienses de aquel país.

         Este hallazgo permite asegurar que las tierras de lo que hoy es Fuentelapeña, estuvieron habitadas hace algunos cientos de miles de años por unos colectivos que vivían de la recolección y la caza con un régimen económico típicamente depredatorio y una existencia nómada, con las riberas fluviales como espacio de habitación preferente en las épocas cálidas.

         Los testimonio más antiguos de la historia reciente, conocidos tan sólo por algunos estudiosos del tema, se remontan a la época tardo-romana, es decir, a los primeros siglos después de Cristo, y están constituidos por restos cerámicos localizados en algunos lugares próximos al actual casco urbano, cual es el caso de un enterramiento en el Teso Cien Guardas, que descubierto en los años cuarenta de nuestro siglo, sólo pasó a la memoria histórica de la tradición oral, lo que ha permitido, en posteriores investigaciones, la localización efectiva de tégulas romanas y otros tipos cerámicos característicos que atestiguan la presencia humana en dicha época.

         Del mismo periodo, y a falta de un estudio más detallado y profundo, datan los silos circulares excavados bajo tierra y localizados durante la fase de construcción de una de las casas que circundan el actual centro urbano de Fuentelapeña, es decir la Plaza.

         El primer documento Histórico en el que aparece nombrado el actual Fuentelapeña, es La carta Privilegio de la Reina Doña Urraca ( 1.081-1.126) cediendo a la Orden de San Juan de Jerusalén las nueve villas de Valdeguareña.(Información completa en los Capítulos 3a, 3b, 3c.)

         Cesáreo Fernández Duro, en 1.882, citando a Gómez de la Torre, señala el año de la donación en  1.116. No obstante, el documento original de la donación no ha sido localizado hasta el presente. En su lugar contamos con un despacho del Archivero de la Orden de San Juan en Zamora, expedido a petición expresa de El Conde de Puñonrrostro, apoderado de su Hijo el Vayo. Fr. Dn. Luis de Arias, Comendador del Fresno y Torrezilla, y en el cual figura la fecha del año 1.154 y el nombre latino de Fonte de illa Paenna.

         Estos documentos, ligados al conocimiento de la historia general del Reino de León, nos hacen pensar que, pasando por alto la época visigoda, así como el periodo de dominación árabe, de los cuales carecemos de datos relevantes, la historia de Fuentelapeña se empezó a escribir tras la reconquista de Zamora ( 893 ) y Toro ( 900 ), o más concretamente durante el reinado de Fernando I, ( 1.037-1.075) que es cuando quedó consolidado el dominio leonés sobre estas tierras.

         La presencia de la Orden de San Juan de Jerusalén en Fuentelapeña, significó el desarrollo urbanístico y el enriquecimiento general de la villa, tal como ocurrió en todas las nueve villas de valdeguareña.

         El periodo comprendido entre 1.116, fecha de la donación a la Orden, y  1.835, en que se produjo la Desamortización de Mendizábal que supuso la pérdida del poder territorial de los herederos de las Órdenes Militares, es, sin duda, el que constituye la verdadera historia de Fuentelapeña y villas limítrofes integradas en la Bailía de Bóveda de Toro.

         Del documento de la donación se desprende que el nombre actual de Fuentelapeña deriva de una expresión latina que, a modo de topónimo, se empleaba para designar el conjunto de casas próximas a la Fuente de aquella peña . La denominación latina y los documentos conservados de la Orden de San Juan, en los que se hacen constantes referencias a la Fuente próxima a Cantarranas, nos permite asegurar que, sin duda, el origen del nombre viene de la localización de una fuente natural de vital importancia para la primitiva comunidad de repobladores que no es otra que el actual Caño Viejo.

         De los primeros acontecimientos históricos en que tuvo presencia la villa de Fuentelapeña, destaca, por su significado, la mención que el Arzobispo de Toledo, Don Rodrigo, hace en la Crónica presencial acerca de la batalla de las Navas de Tolosa, librada por el Rey Don Alfonso VIII contra los moros el día dieciséis de Julio de 1.212. Dice así :

         “  E las gentes venidas de Salamanca por la suya voluntad, hicieron grandes hazañas desbaratando los postreros haces de la Caballería infiel a la que destrozaron. E ansí mesmo apresaron vivos muchos. Mataron caballeros que en la morisma formaban la guarda del  Miramamolín, siendo los que más cautivaron los de las Comunidades de Cantalapiedra, Fuentelapeña y Alaejos.”

        

         Las epidemias de peste de los años 1.348 y 1.399, supusieron un duro golpe para los habitantes de toda la comarca por cuanto produjo un progresivo despoblamiento de todas estas tierras en beneficio de las situadas más al sur a medida que se avanzaba en la Reconquista. Ejemplo de esta situación lo constituye el hecho de que la monjas Comendadoras de la Orden de San Juan de Jerusalén que se habían establecido en Fuentelapeña, abandonaron su convento en el año de 1.440 para establecerse en los Villares, muy cerca de Salamanca.

         Durante la segunda mitad del siglo XV, reinando en Castilla Enrique IV (1.457-1.474), se produjo un hecho que sería de vital transcendencia para los siglos venideros por cuanto supuso una iniciativa que animaría el crecimiento de las Comunidades de Valdeguareña, especialmente esta de Fuentelapeña. El Rey mandó construir, en las proximidades de Fuentelapeña, un Castillo Real para sosiego y solaz de su Corte. 

         Este es, sin duda, uno de los factores que incidieron positivamente en el esplendor y grandeza que alcanzó Fuentelapeña durante los siglos XVI y XVII que han sido bien estudiados por Olga Pérez Monzón en su tesis doctoral a través de los numerosos documentos localizados en el Archivo Histórico Nacional.

         A modo de ejemplo que nos permita hacernos una idea del esplendor y grandeza alcanzados por Fuentelapeña durante este periodo, haremos un recorrido por las propiedades de la Orden de la mano de los señores visitadores D. Bernardo de Sotelo y D. Pedro de Mora, en el año de 1.562, siendo Comendador D. Diego de Guzmán.(A.H.N. OO.MM. Caja 7494 2. n.18).

         “   fueron a ver e visytar e visytaron el cuerpo de la Iglesia de Santa María de los Caballeros, desta dicha villa, el que hallaron muy mal rreparado e que la capilla mayor está en mucho peligro e parece caer e que había necesidad de la rremediar....”

         “   visytaron el Hospital de Nuestra Señora de los Caballeros, e lo hallaron bueno e bien rreparado...”

         “... primeramente los señores visytadores visytaron e vieron el dicho Hospital de San Juan e lo miraron e hallaron que estaba bien rreparado y aderezado...”

         “... item, los dichos señores visytadores fueron a ver e visytar e visytaron la hermita de San Sebastián desta dicha villa, la cual hallaron posteado cierta parte de techumbre que cahe al cabo del cuerpo de la dicha hermita...”

         “...item, los dichos señores visytadores visytaron el Humilladero de la Cruz, e lo hallaron bueno e bien rreparado...”

         “... item, los dichos señores visytadores visytaron el Humilladero que está al camino de Toro a Zamora, el cual estaba mal rreparado e mandaron llamar a Juan de la Torre...”

         Siguiendo los pasos de los dichos señores visitadores, descubriremos que había además, otra ermita de San Gregorio, otra de San Pedro, otra de Santa Ana, otra del Cristo de Méjico y que el Prior disponía de Casas Principales y palomar, de lagar y otros dos pares de casas, de alameda y de huerta. Por su parte, el Señor Don Diego de Guzmán, comendador de la dicha villa, disponía de las Casas Principales , de huerta, de bodega, de molino de arriba, de molino de abajo, de palomar, de panera, de otra casa pequeña, de Mesón, de otra bodega en el Cotonal y de otra bodega con casa en Carrevaldetoro.

         Como se puede apreciar, una iglesia en ruinas que fue mandada reconstruir al año siguiente (1.563), siete ermitas, un mesón, dos conjuntos de casas principales con sus dependencias anexas y dos Hospitales, no se encontraban por aquellos años en todos los pueblos. Fuentelapeña era grande, rica e importante.

         En el siglo XVII vivía en Fuentelapeña una familia de abolengo que dio a España personajes de gran importancia. Estamos hablando de la familia Arias y Porres. De ella nació Fray Antonio de Fuentelapeña en marzo de 1.628. Hermanos suyos fueron el Padre José Arias y Porres, Clérigo Menor; D. Gómez de Arias y Porres, Regidor Perpetuo de Medina del Campo y Alcalde de su fortaleza, D. Manuel Arias y Porres, caballero del hábito de San Juan de Malta, Comendador de las Encomiendas de Yébenes y del Viso, Vice-Canciller de su Religión, Gobernador del Consejo de Castilla y luego Arzobispo de Sevilla y Cardenal, y el Padre Francisco Arias que, en febrero de 1.725 obtuvo la gracia de Predicador de Su Majestad..

         De todos ellos queremos hacer una breve referencia a Fray Antonio, que ingresó en la Orden de los Capuchinos en 1.643, llegando a ser Ministro Provincial en 1.675 y que destaca e interesa por ser autor de numerosos libros, ente ellos  “ El Ente dilucidado”, de 1.676, que tiene el mérito de dedicar un capítulo a “Cómo el hombre puede artificiosamente volar”, lo que constituye el primer texto escrito sobre aviación.En el mismo libro se describe la teoría de la atracción universal, unos diez años antes de que Newton publicase su teoría.

         Otras obras de Fray Antonio de Fuentelapeña, mucho menos conocidas, pero quizás más profundas e importantes en aquella época son  “Retrado divino...”, ( 1.685 ) y “Escuela de verdad...”.

         Con la desaparición de las Órdenes Militares y las sucesivas desamortizaciones que privaron a la Iglesia de gran parte de las posesiones acumuladas a lo largo de siglos de privilegios, Fuentelapeña se transformó, durante el siglo XIX, en un municipio eminentemente agrícola poseído y dominado por muy pocas familias latifundistas, perdiendo la grandeza y esplendor que había tenido en los siglos anteriores.

         De estas familias latifundistas y terratenientes, nacieron personajes que tuvieron cierto relieve en la vida política y militar de la España del siglo XIX. De entre ellos, es necesario hacer, aún cuando sea brevemente, una referencia a dos destacados hijos de Fuentelapeña.

         Nacido a principios del siglo XIX, D. José de Reina y Frías, murió en Madrid en 1.887, después de alcanzar el rango de Teniente General del Ejército Español y desempeñar importantes cargos políticos como el de Diputado en numerosas legislaturas y Vicepresidente del Congreso en 1.886.

         Nacido, accidentalmente, en la Bóveda de Toro un 30 de Octubre del año 1.809, D.Claudio Moyano Samaniego es uno de los hijos más ilustres de Fuentelapeña, pues ahí residía su familia y ahí fue bautizado y enterrado. Durante todo el siglo XIX ocupó destacados puestos en diversas Universidades y en la política nacional. Fue ministro en tres ocasiones y pervive en la memoria cultural del país por su Ley de Reforma de la Enseñanza que ha permanecido en vigor hasta hace escasos años.

          Aunque hijo de una familia humilde, pues era hijo de un zapatero que vivía en la conocida como calle del Caracol y que hoy lleva su nombre, en el mes de Octubre, un día 20 del año de 1.843, nació en Fuentelapeña el que, con los años sería su Ilustrísima el Cardenal  Juan Soldevila y Romero. A lo largo de su vida desempeñó los más altos cargos religiosos de la nación, incluidos el de Predicador de Su Majestad, y disfrutó de los más altos honores y nombramientos, incluido el de Comendador de la Real Orden Americana de Isabel la Católica. Fue asesinado en Zaragoza el día 4 de Junio de 1.923. En la Basílica del Pilar descansan sus restos y aún hoy día, su retrato preside, junto con el de su vecino Claudio Moyano, el salón de Plenos del Ayuntamiento de Fuentelapeña.

         Terminamos este breve resumen de la historia de Fuentelapeña haciendo mención al archivero Sr.Lupiani que, en 1.926 reseñó la rica documentación histórica localizada en los archivos del Ayuntamiento de Fuentelapeña y que, para desgracia de cuantos amamos la historia, fue destruida en el año de 1.936. Tan sólo los cuadros que ahora presiden el salón de Plenos del Ayuntamiento se libraron de la destrucción gracias a la intervención de otro amante de la Historia, D. Miguel Polo Hernández, a la sazón alguacil de Fuentelapeña.

Fdo. J.C.Polo

Licenciado en Historia